La bondad de las palabras.

Hace unas semanas tuve una conversación particular, si bien éramos varias las personas presentes esta conversación sucedió solo entre dos pero con los demás como oyentes.

Desde el inicio me llamó la atención el tono de la voz, las palabras dichas sin anestesia, la postura del cuerpo y la mirada de la otra persona, he aprendido con el tiempo (y en una lucha conmigo misma) a no responder de manera inmediata, así que guardé silencio.

Sin embargo toda la situación me ha acompañado a lo largo de estas semanas y he reflexionado y pensado no solo sobre mi interlocutor sino sobre mi propio proceso de comunicación, pues por un lado está mi estilo para comunicarme con los demás y por otro mi discurso interno. Sé que puede leerse medio loco pero le he invertido tiempo a pensar sobre el particular, sobre todo porque la comunicación involucra tantas emociones que consideré prudente detenerme a pensar.

Es cierto que cuando nos comunicamos transmitimos información pero también es cierto que solo podemos comunicarnos desde nuestro lugar en el mundo, desde nuestras experiencias, desde lo que hemos construido y desde lo que somos, desde nuestros prejuicios y valores, y en esa maraña de información se cuelan otro montón de cosas y cuando menos nos damos cuenta hemos lanzado la palabra, o la mirada, hemos hecho el gesto y el otro sale herido con un daño colateral que no imaginamos.



Tengo una teoría personal sobre la comunicación que  incluye:

1. Damos todo por sentado: desde pensar que nuestro mensaje se comprendió al 100%, hasta considerar que al otro no le incomoda, duele, molesta, entristece, frustra lo que dijimos o lo que no dijimos (pero que gritamos con todo nuestro cuerpo).

2. Considerar que tenemos la razón todo el tiempo, interrumpir al otro, menospreciar puntos de vista: resulta que nadie tiene la absoluta razón, que al interrumpir al otro faltamos a una consideración básica sobre limites, ignoramos que cada uno es un mundo y por lo tanto cada punto de vista es válido así no estemos de acuerdo.

3. Retroalimentar en el momento indicado: así utilicemos las palabras adecuadas, así seamos cuidadosos con lo que hacemos existe una variable importante pues no todo momento o contexto es el propicio, ahora bien, la retroalimentación incluye nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras decisiones, nuestros comportamientos y consecuencias, por lo tanto no puede dilatarse en el tiempo porque pierde todo el sentido del momento presente, solo debemos validar si es el momento indicado para los involucrados para escuchar la retroalimentación y procesar esa conversación de valor.

Parece sencillo el proceso de la comunicación, parece que, siendo algo tan natural, lo domináramos a la perfección pero no esto no es del todo cierto, incluso hoy, con todas las nuevas tecnologías, es un reto mantener canales de comunicación abiertos, sostener conversaciones, ser genuinos con nuestro discurso y sobre todo ser bondadosos con las palabras.

Y aquí me detengo porque es una palabra hermosa Bondad - Kindness - Güte - Bonté - Bontà - भलाइ

Se nos ha olvidado ser bondadosos con las palabras que utilizamos, hemos perdido la capacidad de ser  benevolentes y amables con nuestras frases y conversaciones, la comunicación supone un esfuerzo, es nuestra tarea tener tacto con las palabras, cuidar del otro incluso a partir de lo qué le digo y cómo lo digo.

Bien puedo ser ilusa al pensar que vale el esfuerzo repensar sobre mi estilo de comunicación, sobre las palabras que me digo a mí misma o el impacto de mi tono y frases en el otro, pero creo que, en esta época de velocidad, imágenes e información inmediata podemos darnos un respiro para resetear nuestro estilo y procurar una mejora, así sea pequeña, no sabemos el día de quién podemos alegrar o destruir.

Sin embargo tenemos otro pendiente: aprender a escuchar.

Quienes tenemos la incipiente habilidad de hablar en otro idioma comprendemos que nunca se traduce, solo hablamos en otro idioma, esto es importante porque la única manera de aprender otro idioma es escuchando con atención; entonces podríamos afirmar que ¿la única manera de conocer y comprender al otro es escuchando? Y sí, puede ser una de las respuestas si entendemos que la comunicación es verbal, no verbal, escrita y una larga lista de etc etc etc... tenemos en nuestras manos la oportunidad de ser bondadosos con las palabras que utilizamos, ser bondadosos escuchando activamente al otro, tenemos la oportunidad de construir puentes para conectar entre todos y dejar de lado el Egosistema y caminar pensando en el otro que, a veces grita, a veces guarda silencio, cuyo estilo es diferente al mío y cuya historia no conozco por completo y quién puede ser la voz que necesito, el silencio que me escucha o el medio para percibir todo aquello en lo que debo trabajar.

No me queda sino dar las gracias por una conversación incómoda que me llevó a repensar, a reflexionar y a buscar respuestas... y sobre todo a escuchar mi discurso interno muy muy fuerte para entender mis silencios. 


Hablar es una necesidad, escuchar es un arte.

Rafael Echeverria.

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