ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE.



ENTRADA PUBLICADA EL 28 DE ENERO DE 2015

Mi trabajo, durante estas dos últimas semanas, ha sido una escuela, estoy aprendiendo sobre enfermedad y tratamiento, sobre la vida y la muerte.

Trabajo en un centro que atiende pacientes con cáncer, decidí que lo mejor era conocer de primera mano que servicio se ofrece y cómo se hace cada tratamiento, conversar con la gente que está en contacto con los pacientes y me he llevado muchas sorpresas.

Debo confesar que poco o nada sabía del cáncer y sus diferentes tratamientos pero aquí me he enfrentado a la dolorosa realidad de la enfermedad y sus consecuencias en los pacientes y sus familias.

Por un lado se encuentra el paciente "luchador", el paciente que quiere dar la batalla y salir CURADO, a este paciente generalmente lo acompaña una familia maravillosa que lo apoya y acompaña durante las  largas jornadas del tratamiento, por otro lado está el paciente que quiere dar la batalla y lucha solo por salir adelante, no tiene una familia o amigos cercanos que brinden apoyo, en muchas ocasiones las familias los hacen a un lado luego del diagnóstico

Y están los pacientes que no quieren, que están cansados, que todo se les hace demasiado pesado, que, en otras palabras, se están rindiendo; estos pacientes son los más difíciles de trabajar.

Cada mañana cuando paso por la puerta y cada tarde cuando me voy me cruzo con sus miradas, su dolor, su familia y sobre todo sus sonrisas, siempre responden el !Buenos días! y el !Hasta Luego!, siempre tienen la frente en alto y su cabeza pelada o no es llevada con orgullo; algunos están recién operados, otros apenas inician tratamiento pero todos tiene dos certezas:

1. Van  a morir
2. No necesariamente de cáncer.



Me impresiona la capacidad de mis compañeros de trabajar todo el día tratando de salvar vidas mientras yo estoy detrás de un escritorio organizando carpetas, mis compañeros no siempre están felices, no siempre sonríen y los entiendo, y sobre todo los admiro: por la sencilla razón de batallar una guerra que no es suya, de ser soldados vestidos de vida frente a un enemigo que huele y sabe a muerte.

Cada noche le cuento a mi familia lo que he descubierto y todos guardan silencio, yo hablo y de alguna manera exorcizo el demonio, cuando regreso del trabajo me lavo las manos para tocar a mis hijos, y antes de dormir doy gracias por la salud y la vida de mi familia.

Desde hace dos días estoy resfriada y evito acercarme a los pacientes, quiero evitar el contagio de mi gripa, que para ellos puede ser fatal ... pero sigo viéndolos, escuchándolos ...

He aprendido que no hay nada seguro, que la muerte está allí, que solo nosotros podemos cuidar nuestra salud, que solo nosotros podemos evitar un diagnóstico doloroso, que nosotros en cierta medida tenemos nuestra salud en las manos y podemos moldearla; así mismo sigo reconociendo que todo tiene mas valor que el dinero, que las cosas sencillas nos regalan felicidad, que la familia es un tesoro, que el amor puede hacer milagros.

Hoy agradezco la vida, la salud y los problemas ... finalmente yo solo tengo gripa; la vida es solo una y debemos aprovecharla, debemos disfrutar al máximo cada instante y tener claro que no somos inmortales y que la vida la construimos a partir de la idea de que merece la alegría y la pena vivirla.

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