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Mostrando entradas de febrero, 2020

Una hamaca y Milan Kundera

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La cita era un sábado a las 9 am, el lugar era un café en el centro de la ciudad, repleto de turistas, pero ella, siempre tan precavida lo prefirió así; él, un hombre alto de barba tupida, moreno como el azúcar, estaba algo nervioso, respiró y la vio a lo lejos. Ella reía a carcajadas, conversaba con alguien. Él toco su hombro suavemente y ella, al verlo, lo abrazó fuerte y le dijo al oído: Gracias. La conversación fue un repaso de todo lo que habían estado hablando durante meses, tomaron café, comieron galletas de avena y la mañana transcurrió entre miradas cómplices. Decidieron almorzar cangrejo gratinado con sangría. Caminaron hasta el restaurante y por primera vez, él tomó su mano, ella sonrió. Se sentaron cerca de la ventana del restaurante, veían pasar personas y se inventaban las conversaciones que no alcanzaban a escuchar, él tenía un tono de voz bajo, dulce, ella reía con frecuencia, ellos eran la vida resumida en miradas y suaves y torpes roces de manos. Almor...

El hombre en la bañera.

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Como todos los días, Lorenzo partió de su apartamento ubicado en la montaña rosada hacía su trabajo, en medio del tráfico hubo vendedores ambulantes, limpia vidrios y mujeres vendiendo frutas, iba tarde, no escuchó la alarma y tuvo que salir de afán. Lorenzo es abogado, de su padre heredó una firma de asesorías legales, tiene un equipo de trabajo compuesto por 10 personas, todas y todas son colegas con lo que estudió en la universidad, es un hombre entregado a su trabajo, orientado al logro y le encanta viajar. Suele caminar a todas partes, sin embargo viaja al trabajo en su viejo ford, le gusta la buena comida y tomar vino de vez en cuando, sus lecturas nocturnas giran en torno a su profesión. Sí, Lorenzo es un hombre solo y solitario, pero amó, amó una vez. Amó a una mujer que era un volcán en erupción, amó a una mujer que movió su mundo y lo ayudó a construir una vida llena de sueños y metas. Amó a una mujer que un día dijo adiós y que siguió su camino sosteniendo una mano d...

14 de febrero

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Recuerdo el silencio, el dolor, las lagrimas ... Recuerdo las noches en soledad, la culpa, la tristeza ... Recuerdo un sonido agudo que salía del centro de mi pecho, recuerdo las miradas de mis hijos y la solicitud: mamá no llores más. Recuerdo que el sol volvió a salir, que el café recuperó su sabor y que la ropa se volvió colorida ... Recuerdo el primer tatuaje, el primer viaje sola, la primera invitación a cenar en un restaurante bonito conmigo misma. No fue fácil, han pasado mil cosas, pero algo muy dentro de mí me empujaba a salir del espiral, algo me llamaba a sacar la cabeza del abismo, hubo dolor, rabia, frustración, rencor. Hubo momentos oscuros, hubo una punzada diaria en el cerebro ... hubo. Recuerdo que la gente me saludaba como si alguien hubiera muerto y ese alguien hubiera sido yo. Recuerdo quien me dio la espalda, quien se alegró con mi tristeza, quien celebró mis lagrimas. Recuerdo que canciones odié, que series dejé de ver, que libros envié al olvid...