Una hamaca y Milan Kundera
La cita era un sábado a las 9 am, el lugar era un café en el centro de la ciudad, repleto de turistas, pero ella, siempre tan precavida lo prefirió así; él, un hombre alto de barba tupida, moreno como el azúcar, estaba algo nervioso, respiró y la vio a lo lejos. Ella reía a carcajadas, conversaba con alguien. Él toco su hombro suavemente y ella, al verlo, lo abrazó fuerte y le dijo al oído: Gracias. La conversación fue un repaso de todo lo que habían estado hablando durante meses, tomaron café, comieron galletas de avena y la mañana transcurrió entre miradas cómplices. Decidieron almorzar cangrejo gratinado con sangría. Caminaron hasta el restaurante y por primera vez, él tomó su mano, ella sonrió. Se sentaron cerca de la ventana del restaurante, veían pasar personas y se inventaban las conversaciones que no alcanzaban a escuchar, él tenía un tono de voz bajo, dulce, ella reía con frecuencia, ellos eran la vida resumida en miradas y suaves y torpes roces de manos. Almor...