14 de febrero
Recuerdo el silencio, el dolor, las lagrimas ...
Recuerdo las noches en soledad, la culpa, la tristeza ...
Recuerdo un sonido agudo que salía del centro de mi pecho, recuerdo las miradas de mis hijos y la solicitud: mamá no llores más.
Recuerdo que el sol volvió a salir, que el café recuperó su sabor y que la ropa se volvió colorida ...
Recuerdo el primer tatuaje, el primer viaje sola, la primera invitación a cenar en un restaurante bonito conmigo misma.
No fue fácil, han pasado mil cosas, pero algo muy dentro de mí me empujaba a salir del espiral, algo me llamaba a sacar la cabeza del abismo, hubo dolor, rabia, frustración, rencor.
Hubo momentos oscuros, hubo una punzada diaria en el cerebro ... hubo.
Recuerdo que la gente me saludaba como si alguien hubiera muerto y ese alguien hubiera sido yo.
Recuerdo quien me dio la espalda, quien se alegró con mi tristeza, quien celebró mis lagrimas.
Recuerdo que canciones odié, que series dejé de ver, que libros envié al olvido.
Recuerdo como empecé a adelgazar, como la ropa y los zapatos se volvieron mas grandes, como mis hábitos empezaron a cambiar.
En ocho días se cumple un año de que mi soltería se hizo legal (luego un año y cuatro meses de separación), ese día, cuando me dieron la noticia, celebré, comí algo delicioso, caminé a la orilla del mar, me tomé una BBC y agradecí.
Agradezco nuevamente: no morí de amor, no morí de tristeza, no morí de soledad, no perdí todas las lagrimas, mi corazón no dejó de latir.
Al cumplirse un año de tener esta nueva certeza, celebro sí ... me celebro a mí misma, a la capacidad que tengo de re inventarme, de construir una vida para mí, celebro mis locuras, celebro caminar, respirar, reír, celebro que he vivido, que he disfrutado de mi vida y mis días.
Ya no espero nada, no doy nada por sentado, no creo en el amor romántico.
Ya no me ilusiono con facilidad, ya no creo a ojo cerrado en todo el mundo, ya no me importa el qué dirán.
Ya no construyo castillos de arena, ya no hago promesas, ya no pido nada a cambio.
Me descubrí feliz, me descubrí espontanea, me descubrí medio loca.
Me descubrí en el mar, me descubrí en las palmeras, me descubrí en la tinta.
Me descubrí en la comida vegetariana, me descubrí en los viajes, me descubrí en mi morral.
Construí una mujer nueva, construí una vida nueva, construí una mamá nueva.
Construí una hija nueva, construí una hermana nueva, construí una tía nueva.
Construí una amiga nueva, construí una profesional nueva, construí una profesora nueva.
Me acepté, acepté mi realidad, acepté mi soledad, acepté mis silencios, acepté mis risas, mis camisetas y mis manos, acepté mis canas, mis estrías y mi talla seis.
Conocí mi fortaleza, mi templanza y mi amor propio.
Conocí mi cuerpo, mis pensamientos y mis estados de ánimo.
Conocí mis letras, mis ganas, mis sonidos.
Gracias universo, gracias vida ... este ha sido una camino precioso, repleto de bemoles, de amores nuevos y pequeños, de abrazos y carcajadas, de sal y azúcar, de ríos y mares, de berenjena y enyucao, de cirugías y recuperaciones, de caminatas eternas y café, mucho café...
Una mujer en armonía con su espíritu es como un río fluyendo.
Va a donde quiere sin pretensiones y llega a su destino lista para ser ella y sólo ella.
Maya Angelou




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