Ni pena ni miedo.
Y un buen día miré por la ventana y pensé en todo lo que he vivido, en cada persona que he conocido y en cada aprendizaje.
El 2020 fue un año particular pero el 2021 me hizo volver sobre viejas reflexiones, le he dado vueltas a esta entrada del blog porque ni sabía que quería escribirla, pero hoy, cuando me miré al espejo y sonreí: las canas se multiplican. Y para mí las canas son un indicio de que estoy creciendo y quiero pensar que está llegando la sabiduría 🤭
Total, 2021 me ha hecho girar sobre mi propio eje y tengo un montón de cosas por decir, lo más bonito de todo es que son cosas que antes no me atreví a decir en voz alta, hoy no solo las digo, también las llamo por su nombre, y no me da pena ni miedo.
Empezaré entonces por decir que, luego de casi 8 años, aún sigo recibiendo miradas y comentarios por mi cabello corto. Ser mujer no está amarrado a la cabellera larga y sedosa. Punto. Juemadre y que sexy me veo con mi cabello corto.
El otro asunto son mis tatuajes, llevo 11 y faltan 4 o 5 más, no es capricho de adolescente, es llevar en mi piel la tinta que representa algo importante, y si lo pienso bien: mis hijos saben que su mamá lleva una abeja en el brazo, no podrán decir que no fui dulce como la miel.
Por último está ese asunto de que busco esposo, que quiero casarme, todos dan por sentado que yo sigo creyendo en uniones eternas y en el amor para siempre, y no, le concedo razón a Gustavo: para siempre es hoy. Ve, y quién dijo que me quiero casar? Jejeje
Luego de estas tres afirmaciones ¿?, Tengo una larga lista de suposiciones que hacen sobre mí y me las dicen, debo iniciar por decir que sí, mi vida son mis hijos y sí, es injusto que los vean como un obstáculo, pero ese par de muchachos tienen claro quiénes son, qué significan para mí y siempre serán prioridad.
Por otro lado, no, no hace falta un hombre para que yo me sienta completa, soy yo, estoy completa, maravilla del universo si alguien toma mi mano y caminamos juntos, de lo contrario aquí estoy, me tengo y puedo seguir durmiendo en la mitad de la cama.
Para finalizar, ya casi se termina mi hora de almuerzo, si bien mi empleo es de oficina y navego entre nóminas y disciplinarios, sigo siendo yo, mi trabajo no define mis gustos, mis lecturas o lo que escribo.
Hoy, en medio de un Covid revuelto, asintomáticos y café pienso en este momento presente con agradecimiento y con ganas de vivir, muchas ganas de respirar, amar, caminar, creer, soñar y escribir, siempre escribir.
Me pasé la vida imaginándote
No es momento para ser cobarde.
Gustavo Cerati
En la imagen: Rosa Montero y mi próximo tatuaje.

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