Nido vacío.

En psicología hablamos sobre el ciclo vital de la familia, lo explicamos con ejemplos, brindamos todos los conceptos pero solo hasta que experimentamos cada etapa logramos entender realmente todo lo que socializamos.

El Modelo del Ciclo Vital Familiar propuesto por Duvall, este es uno de los más conocidos y utilizados en las áreas que investigan a la familia, en este se reconocen ocho fases:
Prematrimonial, 
Matrimonial, 
Familia con lactantes, 
Familia con hijos preescolares, 
Familia con hijos escolares, 
Familia con hijos adolescentes, 
Familia con adultos jóvenes, 
Familia con adultos independientes y 
Familia en retiro y/o muerte.

Ya he vivido algunos de estos momentos, sin embargo nada me preparó para Familia con Adultos Jóvenes; si bien continúo viviendo con un adolescente y compartiendo con él todos los bemoles posibles, el hijo mayor ya no está bajo el mismo techo y cada despedida me recuerda que el tiempo pasó rápidamente.

Los hijos son luz y alegría, nos llevan al límite de nuestra paciencia y creatividad y luego, cuando crecen, nos regalan el momento más bello de todos: conocernos.

Cuento con la fortuna de haber estado más de un mes con los chicos en casa, retomando las rutinas de la mañana, las risas, las películas, las series, las conversaciones mientras limpiamos y cocinamos y el extraordinario momento de decir "buenas noches". Pude ver emoción en sus ojos, satisfacción al probar la comida hecha por mamá, sentir el amor desbordado en cada abrazo y la preocupación ante los obstáculos del día a día.

Vivimos y sufrimos las elecciones presidenciales, escuchamos podcast, hablamos de nuestros sueños, tristezas, frustraciones, vimos atardeceres, escuchamos rock y a Sinatra...

Pero debemos despedirnos, y está despedida tiene el dulce sabor de haber hablado por horas, de habernos cuestionado, de haber revisado el pasado para entender algunas situaciones y sobre todo de haber soñado el futuro.

Vivo, experimento, disfruto y sufro el nido vacío:
Lo vivo porque es un hecho: creció, es un adulto y está diseñando su vida.
Lo experimento con cada emoción y sensación e intento que la experiencia sea positiva para los tres.
Lo disfruto porque tengo espacio y tiempo para mí, para escribir, leer, cocinar, caminar y para vivir experiencias nuevas y divertidas.
Y lo sufro, sí, lo sufro porque siempre queda un hueco en el pecho, porque se extraña el sonido de la voz, el abrazo y, en mi caso, mi compañero de silencios.

El adolescente crece a pasos agigantados, me quedan cuatro años de maternidad, de ser mamá para todo momento, cuatro años.

Tenemos un sueño en común: me van a visitar y tengo muchos gatos, mucho café y muchos libros. A eso apunto, a eso con una buena banda sonora, mientras ese momento llega:

A ti, mi Alekei, mi pintor de sonrisas, hijo de mi corazón solo puedo repetir lo que hablamos hoy: sé feliz, sé pleno, persigue tus sueños, yo siempre estoy y estaré aquí para ti.

A ti, mi Gab, mi deportista amoroso, hijo de mi corazón solo puedo decirte que serán los mejores cuatro años del universo, estaré en cada partido, cocinaré contigo y entenderé el volei.

Y mi promesa de disfrutar la vida con ustedes y a solas y de la mano de E.T, de sonreír y seguir cantando y bailando...




Como un secreto
Te ofrezco el murmullo del mar
Y el morir del viento
Como un secreto
Te doy este olor a sol
Y el silbar de un cuento
Como un secreto
Te brindo mi oreja
Y en una palabra te doy mi silencio
Como un secreto.

Marta Gómez.

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