De la pausa, decir no, guardar silencio y atender la llamada.
En la vida de todos los seres humanos se presentan múltiples situaciones, todos los días, a toda hora, no obstante el mundo de hoy nos empuja a vivir en una constante rapidez, a hacer preguntas y dar respuestas sin meditar, con la prisa propia de quién está en una carrera.
Durante algunas semanas he meditado sobre temas que revisten toda la importancia, desde mi perspectiva, pero que parecieran ir contra todo lo que se espera en medio del mundo caótico de hoy; así que pensé que compartir mis elucubraciones podía servir de oxígeno e incluso solo de estación para tomar un café y seguir el camino.
Debo abordar una expresión me encanta: Parar y reparar, escuché a Victor Küppers mencionar esa frase y es parte de mi mantra, pues entiendo que si no paro, si no me detengo mi cuerpo empieza a emitir alertas, mi cerebro empieza a volverse lento y mi estado de ánimo cambia. Parar y reparar hace referencia al descanso, a las horas de ocio, al tiempo que dedicamos a mirar al techo, al momento para hablar con las plantas o simplemente ver el atardecer.
Sí: todos tenemos objetivos, metas, necesidades, sueños y un sin fin de excusas para ir contra reloj (no sé a dónde) y hacer aquello con lo que nos hemos comprometido, pero nuestro cuerpo es una maquinita que requiere detenerse de vez en cuando porque puede recalentarse y empezar a fallar. Parar y reparar, disfrutar de la vida lenta, caminar y cultivar la mirada apreciativa, abrazar, dormir y hacer aquello que nos gusta (ojalá lejos del uso del celular y de las redes). Parar y reparar como mantra para recordar que la vida es este momento presente.
Esas pausas que pueden ser activas o muy muy pasivas nos llevan a la respuesta que casi nunca nos gusta decir: NO. Realmente el SI es muy bonito, sonoro, se percibe lleno de esperanza, pero, seamos sinceros, cuando damos un SI y no estamos seguros se siente como una maleta llena de piedras en la espalda y pareciera que aquello que hacemos no tiene sentido.
Decir NO cuesta mucho, es un ejercicio de establecimiento de límites, de tener enfoque en lo que queremos y permitimos, de poder contar con espacios para parar. Suele pasar que cuando decimos los primeros NO algunas personas se sorprenden pero la claridad mental que nos hizo dar esa respuesta nos permite validar que fue sensato, como le aprendí al Profesor Medrano: no quiero dar esa lucha.
Aunque aprender a decir NO es un ejercicio crucial, el real desafío lo vivimos al guardar silencio, cuando somos prudentes y decidimos qué información compartir, qué información guardar, qué comentarios lanzar o qué palabras son para nosotros, la prudencia nos lleva a conservar espacios de intimidad con nosotros mismos y el silencio es el mejor aliado. Guardar silencio es una experiencia que nos demuestra qué tan conectados estamos a la naturaleza de ser humanos, incluye la decisión consciente de apagar sonidos y que el silencio reine por doquier, solo escuchar lo que decidimos escuchar y guardar palabras y sonidos en nuestro interior.
Y por supuesto en medio del silencio: la llamada.
La llamada entendida cómo aquello que mi corazón y mi cerebro me llevan a hacer, aquello que tiene sentido y me hace crecer, la llamada puede ser solo con respecto a un hábito a adquirir, por ejemplo la lectura; o bien puede ser sobre la reorientación de nuestra carrera profesional o incluso algo sobre nuestra familia.
Atender la llamada adquiere sentido cuando meditamos sobre todo el ruido y distracciones que tenemos al rededor, atender la llamada es solo escucharnos, validar lo que sentimos, lo que pensamos y lo que tiene real importancia para cada uno.
He atendido varias llamadas, algunas las he finalizado en el corto plazo, otras permanecen, algunas llamadas son nuevas y otras no las he respondido porque no hace ruido dentro de mí.
Todos mis pensamientos han girado en torno al afán, al hábito de correr, de responder, de mostrar, de lograr y tal vez, solo tal vez, esta reflexión es el momento que puedo ofrecer para parar y reparar porque estamos dejando escapar algo.
Hay más en la vida que aumentar su velocidad.
Mahatma Gandhi

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